domingo

Volando voy, volando vengo y en el aeropuerto yo me entretengo

Estado de alarma: militarización del control aéreo. Todos los controladores obtienen la categoria de militares por un período de 15 dias y si no acuden a sus puestos de trabajo pueden ser juzgados por un tribunal de guerra y meterlos en el trullo. Y ahora dicen que pordía ser inconstitucional. A buenas horas mangas verdes.

Ayer España vivió un caos de muy señor mío. Toda la programación de los medios a tomar por saco a causa de 600.000 personas a las que se les jodió las vacaciones y a otras tantas el trabajo. "¡¿Pero qué se creen estos señoritos?!", decían, mientras el señor RENFE se llenaba los bolsillos.

Es cierto que el poder que tienen estos profesionales es infinito cuando se trata de coger un avión, por eso aprovecharon este puente para liarla parda. Lo cierto también es que así era la forma más rápida y eficaz para que se escuchara a su colectivo.

Hasta ahora nunca se había oido la voz de los controladores - excepto la de un par de Kens que aparecieron en la Noria hará un par de meses- y todos, o casi todos, solo oíamos una parte: la del Gobierno y los mass media (medios que controlan a las masas como borricos).

Ayer hasta media tarde era de las que sólo escucha a los medios, por deformación profesional seguramente, pero fui a dar a un blog de una controladora aérea. Una tal Cristina explicaba desde dentro de una forma clara, concisa y para niños de prescolar, lo que era ser controlador y cuáles eran los motivos de tal movilización o "huelga salvaje".

El Gobierno, de decretazo en decretazo, y los jefazos de AENA que parece no saben hacer la O con un canuto seguían liados como la pata de un Romano. Horas extras sí, horas extras no; bajas sí, bajas no; horas de descanso sí, horas de descanso no; más sueldo, menos sueldo,... Mientras, Rubalcaba amenazaba a las 2 de la mañana con sacar los tanques a la calle. El resto ya es historia.

Al final de la tarde entendí la problemática poniéndome en la piel de unos y otros y ganaron los controladores. Aunque claro, yo no me encontraba en un aeropuerto pasando las horas muertas mientras en Punta Cana me esperaban a 35 grados con un cócktel de bienvenida.

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